“No tengo ganas de pensar todo el día en alguien. No tengo ganas de enojarme porque no me contesta los mensajes, no tengo ganas de encelarme. No tengo ganas de privarme de cosas por alguien. No tengo ganas de dejar amistades, no tengo ganas de tener tiempo para una persona. No tengo ganas de ser cursi, no tengo ganas de dar explicaciones. No tengo ganas de llorar por una pelea. No tengo las más mínimas ganas de enamorarme”.